martes, 17 de noviembre de 2015

Llevo cultivando voces desde que recuerdo. En las laderas del corazón, en el valle del estómago, en las pendientes del hemisferio derecho del cerebro y hasta en las terrazas del hipocampo. Pero si no me equivoco en el momento de la siembra, me equivoco de semillas, o en la frecuencia del riego, o en la cantidad la luz... Así que no consigo que crezcan demasiado. No es fácil cuidarlas.
Pero cuando de repente nacen simultáneamente cuatro o cinco y te llenan de palabras, tarareos, confesiones o peleas... merece la pena. 
Por eso, cuando descubrí el "Acelerador de Voces" lo compré inmediatamente para espolvorearlo por cada sembrado y dejarlos al sol. En el kit viene hasta un reloj de arena para saber cuánto tienes que esperar para comprobar sus efectos.